EL DIARIO

Martes, 14 de Julio del 2020

Conciertos Del Corazón

Por Polly Ferman, el 15 agosto, 2011

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Queridos lectores:

Esta es mi tercer nota para El Diario y creo que poco a poco me van conociendo. A  través de mis relatos, que ahora comienzan con fecha de antes, descubrirán que soy una contínua estudiante de la vida, una optimista por naturaleza y una creyente en las reencarnaciones.

Sé de la importancia de los proyectos, de los que continúan pero también de los que comienzan. Porque mirando al horizonte, nado con  brazadas fuertes. Muchas veces, al quedarme sin aliento, hago la plancha por un rato para permitir que  mis lágrimas se fundan en el océano. Pero sigo nadando, caminado, en  bicicleta o en cualquier otro medio de locomoción que me lleva hacia mi objetivo o hacia lo que simplemente tengo que resolver.

He sido privilegiada por la vida porque a pesar de los tumbos, no he perdido ni el equilibrio ni la sensibilidad que me permite apreciar la belleza de la naturaleza y de los seres vivos que en ella habitan.

Fui niña prodigio en el piano, salté calendarios para casarme cuando recién salía de la escuela, tuve hijos cuando hubiera sido el tiempo de disfrutar de la adolescencia y me divorcié del padre de mis hijos, cuando recién tendría que haber comenzado a conocer el amor.

Hoy comenzaré a transcribir algunos “faxes” (¡qué antigüedad!), que escribí a mi familia, casi diariamente, cuando viviera en Japón, casi 8 años, junto a mi  marido diplomático argentino. Vivir en ese país, fue una experiencia maravillosa, ya que me permitió conocer  y “vivir de adentro” una cultura tan diferente y tan similar a la nuestra. Pero fundamentalmente disfruté Japón por mi música y por lo que ahora transcribo de un papel ya amarillento:

9 de setiembre, 1997

Querida familia:

Hoy es la víspera del 10 de setiembre, fecha que he aguardado por mucho tiempo. Mañana se inicia un nuevo camino en mi vida, referido a mi música. Pienso que a partir de ahora, se gestarán en mí cambios profundos. Les haré un poco de historia: desde que llegué a Tokio, estuve averiguando, sin éxito, cómo hacer para ir a tocar a hospitales. Me ha llamado la atención todos esos años, no ver discapacitados por las calles. Se me ocurrió que les gustaría  mi repertorio latinoamericano, del que tantas veces  me dicen “tranquiliza”. Por todos los medios intenté averiguar cómo llegar  a instituciones de discapacitados y enfermos,  sin obtener  respuesta alguna. Pensé que mi pedido era complicado para el protocolo japonés ya que debía ser difícil comprender cómo la esposa de un embajador iría a “entretener” enfermos con su piano..

Hace unos 6 meses, nos invitaron a un concierto de bandas: de escolares, de grandes, de  profesionales, de la policía, de amateurs. Era una propuesta muy interesante. Estaba por comenzar, cuando miro hacia la platea y no salgo del asombro al ver un sin número de sillas de ruedas. Pregunto quién  había organizado ese concierto y me contestan: El Príncipe Tomohito de Mikasa, primo del Emperador, a quien no había conocido porque no sociabiliza.

ÉSTE ES MI PRÍNCIPE!!!!, pensé.

Lo hice llamar para hacerle saber de mi interés de llevar mi música a las instituciones.  No hubo respuesta,  pero seguí insistiendo y siguió  el silencio. Se me ocurrió entonces cursar una invitación para unos 50 discapacitados, a la residencia, donde los agasajaríamos y les ofrecería un recital. Aceptaron la propuesta y vienen mañana, acompañados por la Princesa Tomohito de Mikasa, quien pidió sentarse al fondo de la sala.

Tocaré para ellos mi repertorio latinoamericano. Preparamos empanadas  y otras delicias rioplatenses. Pusimos hermosas flores. Forré  todas las esquinas de las mesitas ratonas con hombreras. Hice pegar las alfombras al piso, para que nadie se resbale. Sillas y sillones subieron y bajaron hasta encontrar las que me parecieron más confortables, calculando los espacios. He pensado minuciosamente el repertorio. Lo probé con algunas amigas allegadas para estar segura que será al “gusto” nipón. Ensayé mi discursito en japonés.

Un amigo de la Fundación Yamaha, hizo traer un piano para la ocasión, ya que el mío ya no está en el living. Me ofreció  enviar pianos cada vez que quiera ir a un hospital.

Estoy logrando mi sueño japonés: mi primer “Concierto del Corazón”

Sé que éste es el principio de algo importante en mi vida.  Me voy a descansar. Estoy muy conmovida. Mañana les cuento más…

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